Abogados con oficio

El pasado jueves 24 de julio, un millar de abogados, toga en ristre, se manifestaron en Madrid contra el proyecto de Ley de Asistencia Jurídica Gratuita (LAJG) y en defensa del turno de oficio. Los convocantes consideran un éxito la convocatoria, pero a mí las imágenes de un puñado de letrados desfilando por el paseo de Recoletos me dejaron un cierto regusto amargo a fracaso.

Manifestación de abogados en Madrid.

Manifestación de abogados en Madrid.

 

No fallaron los letrados: entre los manifestaban estaban los máximos responsables de los 82 colegios de abogados de España, así como los del Consejo General de la Abogacía, con lo que cabe entender que esos mil letrados recogieron el malestar mayoritario de la profesión. Como ya ocurriera con la Ley de Tasas, la abogacía ha asumido casi en solitario la responsabilidad de frenar lo que no deja de ser un duro recorte a la justicia gratuita.

Y ese es el problema, que los abogados se manifestaron el pasado jueves en soledad, entre la curiosidad (cuando no indiferencia) de los ciudadanos a pesar de que la protesta defendía un derecho vital para una sociedad democrática digna de ese apellido.

Los abogados siempre han tenido mala prensa porque se la han ganado a pulso. Y la incapacidad de los colegios profesionales para romper el corsé corporativo y convertirse en vínculo entre el colectivo y el resto de la sociedad es legendaria. El resultado de ese proceso de incomunicación no podía ser bueno, y el asfalto madrileño fue testigo de ello.

En efecto, ya ocurrió con la Ley de Tasas, aquel invento del actual ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, para encarecer el acceso de los ciudadanos a la administración judicial. La abogacía se opuso desde el primer día, pero no ha sabido concitar apoyos de peso en la sociedad y las tasas se aplican hoy con absoluta normalidad. Ahora puede suceder lo mismo con la LAJG.

Demasiado caro

El artículo 119 de la Constitución establece que la Justicia será gratis para quienes acrediten que no pueden asumir el coste de litigar. Para ello, unos 42.500 abogados en toda España están a disposición de quien demuestre necesitarlos las 24 horas del día, 365 días al año. Es el turno de oficio, que paga el Estado a través de distintas administraciones públicas. Es un mecanismo vital que evita que el nivel económico se convierta en una barrera de acceso a la administración de Justicia, aquella llamada a defender los derechos del ciudadano.

A este ministro le parece un servicio muy caro. La memoria que acompañó al anteproyecto cuando fue remitido a los correspondientes órganos consultivos para informe justificaba la necesidad de reformar el modelo de justicia gratuita en “el aumento de forma exponencial, durante los últimos años, del gasto dedicado por las administraciones públicas a la asistencia jurídica gratuita”. Sin olvidar, añade ese documento, “la coyuntura actual de crisis económica, substancialmente distinta” a la situación que vivía el país cuando se aprobó la actual regulación, en 1996, “y la consecuente necesidad de disminuir el déficit público, tal y como ha sido acordado por el Estado español y la Unión Europea”.

Por tanto, el Gobierno ha decidido reformar el sistema con el objetivo prioritario de la “reducción del gasto que la asistencia jurídica gratuita implica, respetando así los objetivos de déficit y el contexto de austeridad económica”.

¿Y cuál ese ese gasto al que el Estado no puede hacer ya frente? Pues, según los datos del propio Ministerio de Justicia, fueron 246,44 millones de euros en 2011. Sólo recordar el coste de la reestructuración bancaria dinamita el argumento. Además, no sabemos qué ha pasado con los más de 300 millones de euros recaudados en 2013 mediante las tasas judiciales, cantidad que el ministro anunció serviría para financiar la justicia gratuita sin que ese trasvase se haya producido.

Pero lo grave es la filosofía que impregna el proyecto de ley, que vincula la asistencia jurídica gratuita al concepto de gasto. Es una posición economicista que denigra un precepto constitucional para supeditarlo a negociaciones contables con la Unión Europea de las que poco o nada sabemos.

“Es tu turno”

La LAJG debe superar aún el tamiz del Poder Legislativo, pero la aritmética parlamentaria y la tibieza de la oposición en este punto impiden concebir esperanzas. Y la nueva norma, una vez promulgada, endurecerá los requisitos de acceso a la justicia gratuita, lo que aumenta el riesgo de que algunos ciudadanos desistan de acudir al juez en defensa de sus derechos por carecer de recursos para pagar el proceso.

La cúpula de la abogacía, al frnete de la manifestación.

La cúpula de la abogacía, al frnete de la manifestación.

La gestión de Ruiz-Gallardón como ministro de Justicia merece análisis propio, pero ya se puede avanzar que ha sido demoledora. Con el argumento del recorte del gasto público, ha debilitado el Poder Judicial hasta extremos difíciles de calcular; con la misma excusa, ha regado de obstáculos el camino que debe recorrer el ciudadano que quiera recurrir a un juez.

La opinión pública no es consciente de ello; parece más permeable a las palabras del ministro, que equipara la actitud de la abogacía a una queja laboral porque su proyecto de ley no prevé un aumento de remuneración para los letrados del turno de oficio.

El secretismo de los colegios profesionales en este punto impide que los ciudadanos sepan que ningún abogado se hace rico en el turno de oficio, donde muchos procesos generan minutas equivalentes a 2 euros la hora de trabajo. Los actuales emolumentos desincentivan la pertenencia a ese servicio público, que es voluntaria, y la carencia de letrados de oficio perjudica a los ciudadanos con menos recursos.

Buena parte de las protestas de la abogacía contra la LAJG se articulan en torno a un lema feliz: “Es tu turno”. En efecto, el turno de oficio es de los ciudadanos, y a nosotros nos debiera tocar ahora su defensa. No sé si los abogados serán capaces de concitar nuevos y más amplios apoyos a su pulso contra la nueva ley, pero espero que lo consigan y ganen esta batalla, porque si no lo hacen perdemos todos.

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Un pensamiento en “Abogados con oficio

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