El pederasta de Madrid (y 2): ¿Y después?

Supongamos que Antonio Ángel Ortiz Martínez es el pederasta de Madrid. Supongamos que las ruedas de reconocimiento a las que está siendo sometido estos días se convierten en las bisagras de la puerta de acceso a la celda en la que cumplirá la correspondiente condena. ¿Y después? Si este horripilante suceso ha servido para constatar las carencias de nuestro sistema jurídico-penal en la gestión de la presunción de inocencia -ver El pederasta de Madrid (1)-, también es ejemplo de su incapacidad para controlar la reinserción de delincuentes que actúan por una pulsión sexual.  Sigue leyendo