¿Una Justicia cibernética?

Una encuesta de urgencia y en absoluto científica concluye que una de las quejas que con más frecuencia elevan a sus correspondientes tribunales superiores los jueces decanos es el pésimo estado de las instalaciones que albergan las sedes judiciales. Las goteras que arruinan los archivos, la calefacción que deja de funcionar siempre que arrecia el temporal o ese sistema informático abonado al cuelgue que mantiene en jaque al servicio común de notificaciones y embargos son ya tan habituales que han dejado de ser noticia.

Ese es el estado de la administración judicial española. Por eso me llama la atención que el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) haya premiado en su más reciente edición de los galardones Calidad de la Justicia un proyecto que parece casi de ciencia-ficción. Es la propuesta Arconte-SHS para el control de acceso y presencia en los edificios judiciales de Fujitsu, uno de los principales proveedores tecnológicos del Poder Judicial.

Asegura la firma nipona que Arconte-SHS es un sistema de identificación de personas mediante la captura y archivo de la imagen escaneada del patrón de las venas de la mano, que al parecer es único para cada persona. El sensor usa “rayos casi infrarrojos”, según la información oficial del producto, que detectan la sangre ya sin oxígeno que circula por las venas; la imagen resultante se archiva codificada en una base de datos. Al tratarse de información que está en el interior del cuerpo no puede ser falsificada para una suplantación de identidad, algo que sí es posible en los sistemas que utilizan la huella dactilar o el iris del ojo.

Fujitsu dio a comocer su proyecto Arconte-SHS durante  el pasado 2014.

Fujitsu dio a comocer su proyecto Arconte-SHS durante el pasado 2014.

Según técnicos del CGPJ, este sistema puede ser útil para agilizar las presentaciones de imputados sometidos a medidas cautelares, a los que les bastaría con acercarse a la puerta del edificio judicial o policial correspondiente y pasar la mano sobre un lector. De inmediato, recibiría un justificante de su presentación en papel o mediante mensaje a su teléfono móvil. Al parecer, sirve también para mejorar el control de acceso a los edificios judiciales o el registro de poblaciones especiales, como presos o inmigrantes en situación irregular recluidos en centros de internamiento de extranjeros (CIE). En definitiva, puede contribuir a “una justicia más transparente y eficaz”, según el acuerdo del jurado que concedió el galardón del consejo.

En realidad no es ciencia-ficción. En breve podremos ver en funcionamiento cajeros electrónicos en los que no será necesario introducir la tarjeta de crédito: bastará con pasar la mano por el lector. Confío en que antes alguien regule la existencia y gestión de bases de datos que almacenan datos biométricos de identificación de personas, como el patrón de las venas de la mano. Confío también en que ese regulador tenga un mínimo de sensatez.

Juzga una máquina  

También son una realidad las gafas o cascos de realidad virtual que, gracias a la tecnología 3D, ofrecen al usuario una sensación visual inmersiva aumentada. No hay adicto a los videojuegos que no las haya probado al menos una vez. Según la publicación The New Scientist, las más avanzadas son las Oculus Rift, de Facebook, con las que ya se investiga cómo aprovecharlas en los procesos penales para reconstruir los crímenes. Eso es lo que está haciendo el Laboratorio de Interacción Humana Virtual de la Universidad de Stanford, en California.

Todo parte de una sofisticada tecnología que permite almacenar datos en distintos formatos sobre un mismo hecho: fotos de la escena de un crimen, tomografías computarizadas, grabaciones del lugar mapeadas (perdón por el palabro) mediante cámaras-láser instaladas en drones, testimonios de testigos, resonancias magnéticas de los heridos,  conclusiones de los forenses…

Con toda esta información, el programa recrea el crimen investigado en imágenes 3D que podrán ser visionadas mediante las gafas de realidad virtual. “Es como transportar al jurado, juez y litigantes a la escena del crimen justo en el momento en el que se cometió”, según el profesor de Stanford Jeremy Bailenson, que añade ufano: “Esa sería la mejor solución para cualquier juicio”.

Los fans de series de televisión como CSI o Bones ya han visto algo parecido, pero es pura ficción. En la universidad californiana el asunto es todavía materia de estudio. En el Instituto de Medicina Legal de Zurich (Suiza) el profesor Lars Ebert ya ha utilizado el programa para reproducir un tiroteo durante un atraco. Fue sólo un experimento, pero los policías implicados en el intercambio de disparos dieron su visto bueno a la recreación.

En la vida real, explica el experto helvético, los hechos ocurren en un mundo de tres dimensiones; la documentación forense que reduce el formato a las dos dimensiones (informes, dibujos, fotos) elimina información importante. Por eso defiende que quienes intervienen en un proceso judicial deben acceder a reconstrucciones en 3D lo más exactas posibles, aunque reconoce que aún es necesario mejorar los mecanismos de verificación de la fidelidad de la recreación y ese proceso tardará en cerrarse.

Su colega Bailenson es mucho más optimista y cree que el sistema llegará a los tribunales de todo el mundo en breve pese a las reticencias que ha detectado en la judicatura estadounidense. No es para menos, porque su investigación en el fondo descarga sobre un programa informático uno de los elementos esenciales de la función de juzgar: realizar un relato coherente de lo sucedido en función de las pruebas incluidas en el sumario, para a continuación aplicar las soluciones jurídicas pertinentes.

Como gusta de decir el catedrático Manuel Cobo, los jueces construyen la “verdad forense”. Si las investigaciones californiana o helvética fructifican, será un programa informático el que elaborará esa verdad no en forma de relato, sino de animación en 3D accesible para todos gracias a las gafas de Facebook. Tal vez eso sea el futuro; incluso es posible que se trate de un futuro mejor, pero no por eso es menos inquietante. Tal vez, antes de llegar, convendría reflexionarlo con calma.

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