Una McGuffin de alcurnia

La Infanta Cristina y su esposo, Iñaki Urdangarín

La Infanta Cristina de Borbón y su esposo, Iñki Urdangarín.

Es toda una suerte poder estrenar un blog con una entrada sobre el caso Nóos, ese proceso judicial que ha conseguido atrapar toda nuestra atención por la posible implicación de destacados miembros de la Casa Real en una trama de corruptelas político-económicas.

Dice uno de mis maestros que la investigación que dirige el juez de Instrucción 3 de Palma de Mallorca, José Castro, y en concreto el futuro procesal que aguarda a la infanta Cristina de Borbón, es la prueba del algodón que demostrará si el sistema judicial español es o no capaz de actuar contra la corrupción política.

No seré yo quien se lo discuta, pero me preocupa ese machacón mensaje que trata de convencernos de que la Infanta debe ser juzgada y condenada, porque si no se hará Justicia en este asunto. Desde hace meses, el caso Nóos gira en torno a la hermana del actual Rey, y cada vez que analizo el asunto siempre termino por acordarme de McGuffin.

No es ningún personaje real o de ficción. McGuffin es el nombre que Alfred Hitchcock dio a uno de los recursos narrativos que más usó en sus películas: un elemento de la trama que logra captar la atención del espectador porque parece importante, porque la historia avanza a su alrededor, pero que en realidad es irrelevante.

El caso Nóos es una pieza separada de las diligencias 2677/08. En concreto, es la pieza separada número 25 de las 26 abiertas en ese procedimiento, que indaga un sinfín de corruptelas atribuidas a la administración balear durante el segundo mandato de Jaume Matas (Partido Popular) entre 2003 y 2007.

Y eso es lo relevante. Del conjunto de la lenta y compleja investigación del juez Castro, y a falta de que arribe a juicio, cabe sospechar que el Ejecutivo que presidió Matas usó la licitación de obra pública en la comunidad como una estrategia de enriquecimiento personal vía las correspondientes comisiones ilícitas, cuando no la aceptación de sobornos.

También se beneficiaron terceras personas. Es el caso del periodista Antonio Alemany, contratado por Matas con absoluto desprecio del procedimiento administrativo establecido para que escribiese sus discursos, así como las correspondientes loas en artículos de opinión publicados en la prensa local. El ex presidente balear debe cumplir nueve meses de cárcel por este asunto. La condena fue fijada por el Tribunal Supremo, que rebajó de manera sustancial los más de tres años de prisión impuestos por la Audiencia Provincial de Mallorca.

La pauta de actuación es similar en el caso Nóos. Apenas un partido de paddle necesitó Iñaki Urdangarin en 2003 para convencer a Matas y al entonces director general de Deportes, José Luis Pepote Ballester, de la conveniencia de patrocinar un equipo ciclista. Durante los tres años siguientes el Gobierno balear invirtió 18.000.000 de euros en el patrocinio y unos 500.000 en pagar los inexistentes servicios prestados por el Instituto Nóos.

Es cierto que el entramado societario que controlaban Urdangarin y su socio Diego Torres sometió esos ingresos a un cuidadoso cruce de facturas para eludir a la Hacienda Pública. Pero el origen del delito está en el desvío de esos 500.000 euros públicos a destinos injustificables desde el punto de vista del interés general. Eso es lo relevante.

Urdangarin y Torres lograron cerrar otra operación similar con el Govern de Matas, la organización de un fantasmal ‘Illes Balears Forum’. La Generalitat valenciana, también en manos del PP, les compró la organización de una feria turística, el ‘Valencia Summit’, y ni más ni menos que la promoción de la capital del Turia como sede de unos inexistentes Juegos Olímpicos Europeos. E incluso arrancaron algunos pequeños contratos ficticios a la fallida candidatura olímpica de Madrid 2016, también controlada por el PP. ¿Cómo lo consiguieron? El propio juez Castro lo explica con meridiana claridad:

Jaume Matas

El ex presidente balear Jaume Matas delante del pabellón Palma Arena, símbolo de las corruptelas que jalonaron su mandato.

“La directa intervención de don Iñaki Urgangarin y el anuncio y respaldo que le brindaban las altas personalidades vinculadas, cada una a su manera, con la Casa de S. M. el Rey, determinaba a sus interlocutores, detentadores de relevantes cargos públicos y escasamente escrupulosos de la observancia de las normas sobre contrataciones públicas, a prescindir de los obligados trámites y, sin un claro convencimiento de la utilidad pública que representaba el negocio jurídico que se les proponía, acceder al mismo para luego desvincularse de su exacto cumplimiento y justificación de su coste”.

Insisto, eso es lo relevante. El caso Nóos deberá determinar si Jaume Matas, expresidente del Govern balear; o José Luis Ballester, exdirector general de Deportes de esa comunidad; o Juan Carlos Alia, exdirector del Instituto Balear de Turismo; o Luis Lobón, exsecretario de Turismo y Proyectos Estratégicos de la Generalitat  valenciana; o Jorge Vela, exdirector del Instituto Valenciano de Finanzas; o José Manuel Aguilar, exdirector de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia, o Mercedes Coghen, ex consejera delegada de Madrid 2016, entre otros varios cargos públicos más, delinquieron.

Es decir, un tribunal de Justicia debe determinar si estos cargos públicos desviaron millones de euros de manera ilícita para comprar los favores de la Casa Real en beneficio propio o de terceros, y si para ello incurrieron en comportamientos ilícitos como la  prevaricación administrativa, la malversación de caudales públicos, el  fraude fiscal y tráfico de influencias. Y en caso afirmativo, confío en que se depuren las correspondientes responsabilidades penales, que a buen seguro incluirán a Urdangarín, Torres y sus más estrechos colaboradores en Noos.

Si entre los ocupantes del banquillo de los acusados está la infanta Cristina de Borbón, que habría ayudado a su marido a defraudar a Hacienda y a blanquear los beneficios así obtenidos, bien. Y si no está, tampoco pasa nada. No es relevante para el objetivo primordial de la acción de la justicia. La hermana del actual Monarca es la McGuffin del caso Nóos. De alcurnia, eso sí.

La crisis que nos golpea desde 2008 nos ha quitado muchas cosas, entre otras cualquier venda que pudiéramos tener en los ojos. Los ciudadanos tenemos derecho a exigir responsabilidades, incluso penales, a quienes han gestionado mal los intereses públicos, máxime cuando son los mismos que han hecho recaer sobre nuestros hombros el coste de la crisis.

Es posible que el juicio y la posible condena por corrupción a una de las hijas del anterior Rey tengan un valor ejemplarizante, casi catártico, necesario en estos momentos. Pero no conviene distraer los legítimos anhelos de justicia con reclamaciones justicieras. Lo que debemos esperar de la Justicia es que confirme que ningún cargo público puede meter la mano en la caja de todos en beneficio propio, y da igual si el dinero público robado acaba en sus bolsillos, en el de algún familiar, en las arcas de miembros de la Casa Real o en la contabilidad ‘B’ de sindicatos o partidos políticos.

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2 pensamientos en “Una McGuffin de alcurnia

  1. Pingback: La Infanta Cristina, imputada ¿real? | Vista Pública

  2. Suscribo totalmente todo lo escrito, hay q acabar con q los cargos públicos metan continuamente la mano en la caja de todos y no hay q quedarse solamente con la imputación de la Infanta Cristina de Borbón. Lola de Santiago

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